Dia de la Paz: El diario de Sara

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3 de enero de 2004
SIGO INTENTANDO RECORDAR esa primera vez, tu cara pegada a la mía, al mismo tiempo apretando mis pómulos para que me calle, no lo puedo creer e intento escapar, corres detrás de mí, me coges por los aires, abrazándome por detrás a la altura del pecho y dejando inmóviles mis brazos. Mis pies se balancean pero ni rozan el suelo. Me mueves rápidamente de una a otra habitación hasta que me lanzas sobre la cama.
Te subes encima de mí para sujetarme las piernas e inmovilizarme en el forcejeo. Cabezazo en la nariz. Comienzo a gritar y a llorar más fuerte, me suelto y me arrincono en un lado de la cama, pegada a la pared. Me dices: «¡Basta ya!, ¡para esto!, ¡no sigas!». Yo no entiendo, no sé cómo pararlo. Para volverme a agarrar me coges de los pelos y sin querer —según tú— mi cabeza se golpea contra la pared. Siento que la pinza que me sujeta el pelo se rompe y se me clava. Vuelvo a gritar de dolor. Vuelves a inmovilizarme. Cada vez que me agarras golpeas mi pecho. Me ahogo entre mis lágrimas, mocos y la sangre que brota por mi nariz. La habitación está oscura. Pierdo la noción del tiempo.
No soportas verme y oírme llorar. Me pones una almohada sobre la cara para que me calle. Me revuelvo, no puedo respirar, no sé qué va a pasar. No recuerdo cómo acabó.
Después no sentía nada. Hacía todo lo que tú me decías, te seguía como una autómata. Cuando por fin me quedé sola, llamé a un amigo que estaba cerca. Y lloré y lloré… No me lo creía.
7 de enero de 2004
¿QUÉ DIJE? ¿Qué hice? Mil preguntas sin respuesta. Siento un gran dolor por todo mi cuerpo. Lloro, pero sonrío queriendo perdonar o quizás queriéndome engañar de que nada ha sucedido, no sé en qué momento provoqué tu cólera (¿coloqué mal el cenicero? ¿No me tomé el zumo?) hasta el punto de observar cómo iba transformándose tu cara. Tus cejas se juntaban, tus ojos eran los de un loco sin límites, tu boca echaba espuma… Ahora, al recordarlo, mi pecho y mi garganta se ahogan y no puedo parar de llorar.
2 de marzo de 2004
ESTA VIDA PARECE SER DE LOS FUERTES, que son personas que te dicen abiertamente que hace tiempo construyeron su mundo particular y su coraza para sobrevivir en esta jungla y que a ellos «no les tose» nadie. Es más, reconocen que al débil siempre se le pisará el cuello.
Sé que no debería haber vuelto después de la primera paliza, pero volví. ¿Por qué? Porque no creo que esto me pueda estar pasando a mí. Es imposible que alguien que me quiere pueda tratarme de esa manera.
No acabo de recuperarme del shock y me abrazas, me besas, tu cara ha cambiado, eres dulce y tierno, me pides perdón una y mil veces… Me dices que soy la mejor mujer del mundo y que nunca se repetirá. Actúas como si nada hubiera pasado y siento una confusión absoluta. ¿A lo mejor no era para tanto? Y tu sonrisa y tu actuar me confunden, tú te justificas con un montón de palabrería, mirándome tiernamente y actuando como si nada.
7 de marzo de 2004
SIENTO QUE PASO UN DÍA ESTUPENDO contigo y al día siguiente te hago perder la paciencia y me alejo de nuevo, huyendo de nuestras malas vibraciones.
He soñado contigo y me he despertado sintiendo que te amo… Y sintiendo también este miedo que me ahoga y que nadie me puede quitar.
8 de marzo de 2004
TE QUIERO, DE VERDAD, a lo mejor más de lo que imagino, y mi sueño es poder ser feliz a tu lado y que tu amor sea para siempre. Aprenderé a respetar tu humor y a quererte como eres. Perdóname, perdóname…
14 de marzo de 2004
SÍ, SÍ, TE ENTIENDO. Entiendo que dices que me quieres, que quieres que sea tu sueño. Pero yo no entiendo que si me quieres no me aceptes como soy, que no me escuches, que me grites y me faltes al respeto porque te saca de tus casillas que exponga mis ideas o sentimientos.
Te abrí la puerta de casa, superé el miedo. Como me pedías, volví a confiar en ti. Pero después de nuevos numeritos y rabietas, tengo que pedirte que te controles.
Tu amor no es tan grande como tú te crees. Porque no te controlas. Te abrí mi corazón para compartir mi vida contigo, pero poco a poco todo se ha ido empañando por tu carácter, por tu falta de comprensión… Y me he ido debilitando para soportar la carga de esta triste realidad.
Cómo puedes hablar de unión si no me respetas, si ni siquiera sabes cómo me siento porque no me escuchas. Si sólo concibes esta relación desde tu punto de vista y pensando sólo en tus necesidades.
Tu amor me duele. Sólo piensas en ti. No puedes estar a mi lado porque ya no tengo fuerzas. Cada discusión y enfrentamiento se contradice con la palabra amor. Estoy harta. Sólo tú, sólo tus malas maneras… ¿Y qué hago yo con todo esto? Digerirlo cada noche en soledad, con mi dolor y sueños rotos, con mis ilusiones esfumadas e intentado sonreír, como la mayoría de la gente a la que le cuesta aceptar la soledad no deseada.
Y tú te comportas como si no hubiera pasado nada. Dices que me quieres, que me echas de menos, que me necesitas, que quieres estar conmigo. Se acabó. Aunque duela.
13 de junio de 2004
CUANDO ESTOY DESPIERTA, me acuerdo de la esperanza y los sueños que tenía en ti. Quizás porque sentía que mi oportunidad de tener un compañero y formar la familia que desde niña había deseado se me escapaba entre los dedos…
Sigo y sigo insistiendo, creyéndote y convenciéndome de que si la vida te ha puesto en mi camino, yo debo quererte y aceptarte como eres. Y mi fe me lleva a creer en los milagros.
2 de julio de 2004
NO SÉ LO QUE HE DICHO O HECHO, ni por qué has entrado en la cocina con ese cuchillo entre las manos, pidiéndome que te mate. Yo he intentado mantener la serenidad por los niños, pero tú gritabas, gritabas y gritabas mientras no parabas de pedirme que matara al monstruo que hay en ti.
7 de julio de 2004
ANOCHE PROMETÍA SER UNA VELADA IDEAL, jugando con los niños y riéndonos. Yo no podía evitar sentir pánico, pero intentaba no demostrarlo, pues tú siempre me acusas de que es ese miedo mío lo que despierta a tu monstruo. Los niños empezaban a cansarse y yo intenté convencerte de que era mejor que se fueran a la cama. «No, no lo estropees todo», decías. La jornada acabó con gritos, lloros, juegos violentos.... Una cosa es que la tomes conmigo. Pero mis hijos… Mis hijos, no.
4 de agosto de 2004
SE ACABÓ. LO HE DECIDIDO. No vas a dormir más en casa. Los niños no pueden presenciar esto. Pero ¿cómo te lo digo?
20 de agosto de 2004
CUANDO TE DIJE que no ibas a dormir más en casa, nos enfrascamos en una conversación sin sentido: «estoy agotado», «no seas mala», «no puedo conducir», «no me eches a la calle como un perro»… No me daba cuenta de que lo único que pretendías era alargar la velada y quedarte. Y al final, acepté a cambio de que te fueras temprano, antes de que se despertaran los niños.
¡Qué gran error! Sonó el despertador y no querías moverte. Insistí e insistí , te pusiste como un loco a gritar, despertaste a los niños, todos corríamos de un lado para otro, golpeabas todo lo que encontrabas a tu paso. Te había echado de casa y me lo estabas haciendo pagar caro. Y esas vocecitas… «No pegues a mamá».
 
2 de septiembre de 2004
ME HE IDO DE VIAJE, no te he dicho adónde. Necesito estar sola y segura. No quiero que los niños presencien más espectáculos. He decidido que tengo que dejarte, y aprovechando que estoy lejos en un sitio desconocido, te he llamado para decírtelo. Me has gritado que no puedo hacer esto, que hablemos, que no sea tan cobarde y que te lo diga a la cara. Te he dicho que me da miedo. Llantos, tristeza. Voy a dejarte. Creo que por fin todo ha acabado.
6 de septiembre de 2004
ANOCHE VOLVÍ. Después de hablar el otro día contigo, me había armado de valor para dejarte. Al salir para el trabajo, estabas aguardándome. Me trincaste del cuello, golpeándome contra la pared. Estoy aterrada, ando de puntillas por la casa, no cojo el teléfono, siempre con miedo a que estés fuera escuchando. La casa cerrada a tope para que no se vea si yo me muevo por dentro. Siempre con miedo de que me estés observando desde alguna ventana. Siento verdadero terror. Vivo en mi propia prisión.
 
5 de octubre de 2004
OJALÁ todo hubiera ido bien. Me hubiera encantado ser la reina de tus sueños. Pero me matas cualquier iniciativa de intentarlo una vez más. Sin que llegue a abrir la boca, ya has disparado y abierto mi pecho en canal. Y paso del ardiente deseo de verte al feroz dolor de querer irme y no volver nunca más.
Soy humana, Dios mío. ¡Cuántos errores cometo, uno detrás de otro! Qué mal me siento. Qué poca cosa. ¿Será que no sé amar? ¿Por qué no he sabido hacerte feliz?
No consigo ni quiero olvidar todos esos momentos. Tu rostro, tu agresividad… Cuántas cosas has roto. Y no sólo materiales.
10 de octubre de 2004
HACE TRES AÑOS Y MEDIO QUE COMENZÓ esta relación tan turbulenta. Y hoy parece que ya se acabó. Sé que te quiero, pero no sé cómo combatir esas rabietas tuyas que acaban con tanta violencia. Yo he descubierto muchas cosas sobre el amor y las relaciones y he luchado mucho por amarte y aceptarte.
27 de octubre de 2004
HEMOS VUELTO. Nos hemos visto un par de veces. Hemos hablado mucho y en profundidad. Todo precioso. Sí, creo que puedes cambiar.
30 de noviembre de 2004
TE QUIERO, pero no hay buen rollo. Esto es un infierno. Debería tener fuerzas para dejarte aunque me equivoque. Y cada vez que te digo que se acabó, tú mismo reconoces que tu violencia es lo que nos impide podernos amar.
31 de diciembre de 2004
SIGUE ESTE AMOR que se convirtió en pesadilla. Este amor que mató mi amor, mis sueños, mi ilusión de creer que el amor lo puede todo. No quiero llegar a odiarte, pero quiero que esto se acabe. ¿Podré olvidar? ¿Podré amar? ¿Volveré a confiar? Me siento hermética.
2 de abril de 2005
HOY HE VISTO UNA FOTO TUYA y recordé lo mucho que me gusta tu nariz, tu sonrisa, tus ojos, tu olor. Y luego recordé que eso es sólo una mínima parte de ti.
Me da pena saber que nunca te llegó lo mucho que te amé hasta quedarme vacía. Ojalá aprendas a amar de verdad comenzando por el respeto a la persona de enfrente. Espero que no te ensañes conmigo y que todo quede aquí.
Necesitábamos ayuda. Tú mismo reconociste que no eras capaz de alejarte de mí, aun cuando sabías el daño que me estabas haciendo. Yo tampoco fui capaz. Lo siento. Sólo me queda aceptarlo para poder encontrarme de nuevo. En busca de mí, tal como soy, con mis errores y mis virtudes.
7 de abril de 2005
HOY ME HAN DICHO LOS MÉDICOS que me van a operar por una de las lesiones que me has provocado. No puedo seguir viviendo con este estrés y con este pánico.
 
4 de mayo de 2005
ME HAS ENCONTRADO. Tengo miedo, pero me has tranquilizado y hemos paseado y hablado. Y cuando parecía que todo estaba tranquilo, comenzaste a gritarme que yo siempre lo estropeo todo, que si quiero provocarte, que soy muy dañina… Empezaron los empujones, los zarandeos, y cuando me senté, llorando, una vez más yo no era capaz de identificar qué te había dicho o hecho yo para vivir ese horror después de un estupendo paseo. Con las dos manos cogiste una piedra de tamaño impresionante y la lanzaste por encima de mi cabeza. Me quedé inmóvil por un largo rato. Mientras, tú te desahogabas gritando, hasta que al ver mi pasividad empezaste a llorar y a pedirme perdón.
5 de mayo de 2005
TODO ESTO DE LA OPERACIÓN me ha dejado muy impactada y siento que tú eres el único que me puede ayudar. Vuelvo a confiar en ti.
 19 de mayo de 2005
HOY FUIMOS AL MÉDICO y volvíamos tarde. Me confundí en algo que dije. «Tú me has provocado». Me tirabas del pelo una y otra vez. Me tiraste en la cuneta de la carretera con todas mis cosas, noche cerrada. Pensé que no volvería a ver a mis hijos.
 
2 de junio de 2005
MAÑANA ME OPERAN. En estos últimos días sólo me has dedicado flores y cariños. Sigo sin encontrar el camino a seguir. Te amo, y quiero ofrecer desde lo profundo de mi corazón este amor a la vida y pedir que me muestre la luz en mi camino, en nuestro camino, que nos muestre sin seguir sufriendo adónde debemos dirigirnos. Si debemos alejarnos o unirmos.
15 de junio de 2005
NO PARAS DE DECIRME LO ESPECIAL QUE SOY para ti, que soy la única mano amiga. «Perdóname, perdóname, perdóname», repites continuamente. Empiezo a plantearme que necesito ayuda. Sola no soy capaz.
18 de junio de 2005
POR FIN HAS ACEPTADO que necesitas ayuda profesional y yo quiero estar contigo. Hoy hemos ido a ese encuentro, yo llena de esperanza. Un nuevo horror, me equivoqué de calle. «Eres una torpe», «por qué no te callas», «ya me has provocado»… Entramos en un parking, y como había gente pensé que no me harías nada. Golpes, gritos, llantos. Más golpes, más gritos, más llantos… En un conocido garaje, pero nadie me ayudaba. ¿Qué pasa? Salí a la calle, golpes, gritos y llantos otra vez, pero nadie me ayudaba.
20 de junio de 2005
ME MIRO AL ESPEJO y me siento horrorizada. Se me juntan los moratones de una vez con otra. Estoy rendida. 
29 de junio de 2005
ME HAN DESPEDIDO del trabajo. Este saco huesos, mi cuerpo, no puede más.
3 de julio de 2005
HE CONSEGUIDO SUPERAR MI MONO de llamarte cada día, nunca imaginé que este sentimiento existiera. Pero hoy me has sorprendido por la calle, no sabía si correr, gritar, llorar o abrazarte. Me abrazaste fuertemente, apenas me diste tiempo hablar. ¡Qué felicidad!¡Qué miedo! Siento que te amo a pesar de todo. Me pedías miles de perdones sin dejar de acariciarme.
17 de julio de 2005
HOY ACCEDÍ a verte. Hemos paseado, comido y charlado sobre todo lo que ha pasado. Sin horas, sin prisas, en la más absoluta compresión. Ha sido genial, ha habido pasión, amor, respeto, confianza... ¿Será verdad que has cambiado?
20 de julio de 2005
ESTA MAÑANA dimos un paseo. No recuerdo qué pasó ni cómo empezó la discusión. Me has retenido hasta que te ha dado la gana. Los niños han tenido que comer solos, no me has dejado ir atenderlos. 
22 de julio de 2005
DECIDÍ JUGÁRMELO TODO en unas vacaciones. Quería descubrir qué pasaba con nosotros. Pero antes de emprender esta aventura contigo, mandé una carta a una amiga por si pasaba algo que supiera dónde estaba. No le dije a nadie más que me iba contigo. Los tres primeros días fueron bien, surgieron roces, pero supimos resolverlos. Parecía que estabas aprendiendo a controlarte. Pero hoy empezó de nuevo mi calvario. Se me olvidó poner el despertador, y tú me has levantado a voces recordándome lo estúpida que soy. El viaje de vuelta a casa, a toda velocidad, ha sido un infierno. Se acabó.
2 de agosto de 2005
HOY DEJÉ DE SUFRIR por amor. Reconozco que me equivoqué y gracias a mi hijos, mis amigos y el psicólogo he descubierto que estoy viva. Quiero y deseo que los dos encontremos nuestros caminos y la paz interna. Esta búsqueda de mí misma se ha convertido en una prioridad, no quiero seguir engañándome. Esta relación está acabada. Se ha convertido en una adicción muy dolorosa para los dos.
Yo he llegado a mi límite. No puedo más, ni llevar durante más tiempo el peso de que te hago sufrir y te creo dolor. Lo siento en el alma.
3 de agosto de 2005
TENGO QUE REPONERME y volver a mí. No busco la felicidad, pero sí la paz interior. Necesito emprender ese camino y no lo puedo compartir contigo, pues todavía tengo mucho dolor impregnado en mi piel. Tengo que llorar y patalear mucho para poder empezar de nuevo. Aun así, me agarro a la vida con ilusión. No me asusta volver a empezar, pero primero me tengo que recuperar físicamente.
Me encantaría poder escribirte una carta romántica y de amor, pero no puedo. Tengo mucho dolor que no me deja ya amarte.
12 de agosto de 2005
TODAVÍA NO ME HE ACOSTADO y mi pensamiento, mi corazón, te tienen presente. Me gustaría guardarte ahí y ser capaz de dejar de compartir mis sentimientos con los demás. No voy a buscar ningún hombre que te reemplace, para que mis cicatrices cierren bien y mi corazón se vuelva fuerte. ¿Por qué te echo tanto de menos?
Esta noche ha sido muy linda y divertida. Agradezco a Dios este bonito día, totalmente protegida y querida por mis amigos.
20 de agosto de 2005
SIGO PENSANDO EN TI, deseando una llamada que me calme un poco, que me dé un aliento de que me quisiste de alguna manera. No consigo acostumbrarme a que todo fue mentira. No puedo creer que haya seres tan crueles.
Pido y pido a Dios que me ayude a salir de esta obsesión que me mata lentamente, que me mata la ilusión de vivir, de amar, de sonreír… ¿Dónde estoy que no me encuentro? Quise estar a tu lado y ser tu compañera. No te puedo odiar, no sé por qué.
 
3 de octubre de 2005
TODAVÍA ESTÁS EN MI MENTE. Todavía tengo celos de soñarte en brazos de otras mujeres que no sean yo, todavía me duele saber que sales, te diviertes y sonríes.
Lo que no entiendo es por qué no consigo recordar tu parte oscura. Sólo a base de hablar y con un gran esfuerzo apenas saco un poquito de dolor. Eso sí, como alguien diga o haga algo que me traslade en sentimientos a lo tú me hacías sentir, se me abre un volcán de furia y llanto en el que se me separa el pecho de la espalda.
Cuando siento esto no quiero hablar, no quiero estar con nadie, me siento culpable de no ser más fuerte, me avergüenzo de que me vean los más cercanos, y sobre todo siento unas tremendas ganas de morir, estoy cansada, no puedo más. A veces pienso en que me podías haber matado y así haber terminado el trabajo que tan hábilmente desarrollaste con todas y cada una de las mujeres que nos hemos enamorado de ti. Porque ahora descubro que no soy la primera que ha pasado por esto.
20 de diciembre de 2005
INTENTO ANALIZAR estos cuatro años y medio. Estoy vacía y agotada física y sobre todo psíquicamente. No hay culpables, son simples situaciones que nos pone la vida, pero se nos ha ido de las manos. Ya no me queda nada que ofrecerte. Ya no te puedo amar, pues no me amo ni a mí misma.
1 de enero de 2006
Un intento de despedida
MI GRAN AMOR, mi gran destrucción. Recuerdo el sol, los atardeceres que compartimos… Estaban llenos de magia. Tu sonrisa me transmitió amor, esperanza e ilusión. Te sentía grande, con un gran corazón. Creí en tu capacidad de amar. Confié en ti hasta el fin de mis días a tu lado y mucho más, me creía cada dulce y agridulce palabra que me decías. De verdad confié en que nuestro amor era verdadero y estaba por encima de todo. Me equivoqué. Y me está costando mucho aceptarlo, comprenderlo y asimilarlo.
Ahora miro para atrás y el corazón se me desgarra. El alma me duele y el pecho aprieta. Me has engañado muy bien, muy bien. Me has absorbido hasta la última gota de energía, me has anulado, ofendido, insultado, golpeado, torturado, maltratado… Con toda tu crudeza, sin límites.
Deseo que esto se acabe. Quiero aceptar que me equivoqué. Quiero dejar de preguntarme «¿por qué?», de preocuparme por cómo estás, de que un día surja un milagro y todo sea diferente o por lo menos que hubiéramos seguido hablándonos, pero creo que eso no va a suceder… Deseo que me vuelva la ilusión de vivir, de reír, de soñar… Aunque no sea a tu lado.
No te quiero odiar. Sólo te quiero olvidar.
2 de enero de 2006
EN EL INMENSO TÚNEL DE LA OSCURIDAD, cuando más deseas parar, desaparecer, vas pasando y traspasando todo dolor físico para intentar olvidar lo que duele el alma, cuando el cansancio te puede y entra en ti la pasividad absoluta, la negación a la vida, a sentir, a oír, a comer. No hablas, pues te sientes fundida en la nada. Sólo sientes el dolor más profundo del corazón.
El túnel se va haciendo más negro, vas perdiendo el miedo a desaparecer, a dejar de existir, a volar como un suspiro. Tanto miedo a tener miedo hasta que se hace tu aliado. El miedo es tu amigo porque ya no tienes miedo a irte. Pero la vida se aferra a ti, tiene más fuerza. «No es así como se muere», te dice.
Llega un día, y otro, y otro amanecer. Aunque tú no quieras.
Junio de 2006
¡¡¡ BASTA !!!
NO MÁS GRITOS silenciosos. Sí más gritos sonoros, no de lágrimas y golpes, sino de una sociedad que dice «¡BASTA», que comienza a despertar, a comprometerse. Yo lo hago con estas palabras y pido ayuda a todo el que lea este diario.
Para un momento, sólo un momento. Deja de trabajar, de correr, del stress cotidiano y respira, siente por un momento, escucha el grito de los que sufren. Toma conciencia, no tengas prisa, no tengas miedo de SENTIR para ser más humano.
Muchas mujeres hemos dicho alguna vez en la vida: «a mí un tío no me hace eso». O «yo no se lo consiento ni a mi padre». Es extraño cómo caes en historias que no te crees ni tú misma. Yo he sido una mujer maltratada. ¿Y cómo se puede llegar a esto?, me preguntan. Llega un día en que aceptas un trato injusto, no le das importancia, apenas te das cuenta, «estará nervioso» —piensas— y lo justificas por miedo a sentir tu propia humillación. Es en ese momento cuando has perdido tu primera oportunidad de parar. Es sólo el primer paso, vendrán muchos otros que irán dejando su huella, vas perdiendo poco a poco tu dignidad, tus valores, tus referencias… Hasta la total anulación.
Dejando de sentir se puede aguantar un comportamiento violento y vejatorio, es parte de la normalidad de tu vida. Yo dejé de sentir; si no, no hubiera aguantado. Y al dejar de sentir, yo también cerré los ojos para no ver, me tapé los oídos para no escuchar. Y por eso, porque dejas de sentirte persona, vuelves una y otra vez con él. Ya no distingues. El corazón, la cabeza, el alma se separan del cuerpo. El dolor ya no duele.
Cuando decidí denunciar, empezó para mí un segundo maltrato. Encontré mucha ayuda, sí, pero también mucha incomprensión. Todos deberíamos comenzar a dejarnos sentir, para tomar conciencia del dolor ajeno, para comprometernos y que esto cambie, sin miedo al dolor, porque esta toma de conciencia nos puede llevar a ser más libres.
Ahora tenemos mucha información de las herramientas con las que contamos (sociales, judiciales, médicas y policiales). Estos profesionales nos ofrecen una ayuda, que no es poca, pero que a veces sujeta a limitaciones: leyes, jerarquías, falta de información a todos los miembros que trabajan en estos organismos… Descoordinación absoluta entre todos ellos, esto es lo que yo me he encontrado. Guardias que te protegen y ejercen como asistentes sociales, algunos médicos que no saben cuáles son sus obligaciones y se desentienden, abogados que están sujetos a la lentitud judicial y que sólo pueden funcionar como indica la ley y tener paciencia. Yo he acabado llamándolo «ADMINISTRACIÓN DE INJUSTICIAS», Insalud, Intolerancia, Incomprensión, Insensibilidad. Acabas sintiéndote muy sola ante tanta INCOHERENCIA.
Desde ese darnos cuenta, como mujeres, de que estamos solas, podemos renacer de nuestra propia muerte; si conseguimos una buena ayuda de referencia, ¡estupendo! Y si no, por pura supervivencia. Pero la sociedad sigue teniendo el papel principal en esta 'reinserción' de la mujer maltratada; también cuando hablamos de reinserción de un maltratador.
La primera y gran ayuda es el rechazo hacia un comportamiento brutal e insensible. Es la sociedad la que tiene que transmitir que no existe ningún tipo de justificación hacia el maltrato. Aquí sí que la INTOLERANCIA tiene que ser MÁXIMA. Si el maltratador llega a sentir el rechazo público, hay esperanza, pues habrá tomado conciencia de que no ha actuado bien, de que así no se trata a la persona que supuestamente ama, de que así ellos nunca sentirán el AMOR y de que así no forman parte de esta sociedad.
Os animo, desde aquí, a levantar la voz. ¡BASTA! No cerremos los ojos. No nos tapemos los oídos.